UNA REUNION DE AMIGOS

SOMOS UN GRUPO DE AMIGOS Y CONOCIDOS QUE COMPARTIMOS UNA ILUSION EN COMUN, "ANSIAS DE SABER".



NOS REUNIMOS UNA VEZ AL MES EN UNA CENA COLOQUIO DONDE LOS DISTINTOS CONFERENCIANTES

NOS HACEN DISFRUTAR JUNTO A SUS CONOCIMIENTOS. ES EN ESTOS PEQUEÑOS RECINTOS DE CULTURA

DONDE EXISTE UN PUNTO DE CONEXION
ENTRE LA UNIVERSIDAD Y LA SOCIEDAD DE SALAMANCA.

ESPERAMOS QUE ESTA LECTURA COMPARTIDA TE HAGA "REFLEXIONAR Y PENSAR"








COMO MEJORAR LOS COMPORTAMIENTOS DE LOS HIJOS




"debemos creer en nuestros hijos"

José María Durán Blanco.
Psicólogo Educativo.
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Don José María Durán Blanco es Psicólogo Educativo, y pertenece al departamento de Orientación del colegio Montessori de Salamanca.

El jueves 9 de diciembre de 2010, D. Jose María, un hombre cercano e integro, nos dió unas pinceladas sobre la dificil tarea de «cómo mejorar los comportamientos de los hijos».

Uno de los objetivos con los hijos, aunque no el único, es lograr que su comportamiento sea adecuado, equilibrado y maduro. Sin embargo no pocas veces existen dificultades para lograrlo, debido a la falta de unificación de criterios entre los padres, no tener las normas y los límites claros, no corregir las conductas inadecuadas y no tener disposición física o psicológica, entre otras.
Para lograr dicho objetivo y superar las dificultades es necesario que los hijos aprendan a comportarse adecuadamente. Un niño no nace con la conducta aprendida y por tanto, aunque el aprendizaje por modelado es muy eficiente, no debemos dar por supuesto que deben hacer las cosas correctamente como los adultos creemos.
Para realizar un aprendizaje educativo conviene hacerlo desde un estilo de educación de base asertiva; es decir: no desde la intimidación y el miedo, la agresividad o el dejarles hacer para que aprendan por ensayo-error, sino desde la cercanía, la comunicación basada en la escucha activa y el tono correcto, sin perder el rol de padres (recordemos que la relación con los hijos debe ser vertical y no horizontal)
En este proceso de aprendizaje comportamental, desde la asertividad, es necesario tener un protocolo claro de funcionamiento muy sencillo, pero muy efectivo a la vez.
Lo primero que hay que hacer es poner NORMAS Y LIMITES y explicar cuando, cómo y porqué deben cumplirse y hacerse. Las normas están relacionadas con aquellas acciones cotidianas que más queramos controlar (colaboración en casa, comportamiento con hermanos, horario de estudio, etc). Los límites hacen referencia al control de otros aspectos que por las distintas edades deben ser limitados (tiempo de TV/Tf, dinero, tiempos libres, salidas, etc)
Estas normas y límites deben aplicarse de forma directiva con niños. Sin embargo en la adolescencia conviene combinar esta directividad con otras acordadas en aquellos aspectos que puedan ser más flexibles, con el objetivo de ser ellos protagonistas de su propia normativa (esencial en estas edades) y facilitar el cumplimiento de las mismas por responsabilidad personal. En cualquier caso, esta intervención conviene realizarla en un ambiente tranquilo, dedicando el tiempo que sea necesario, en el lugar adecuado, etc.
La aplicación de las normas y los límites debe hacerse, por parte de los padres, con expectativas positivas, con frases del estilo: “Confío en que lo hagas bien”, “estoy seguro…”, “se que lo harás…”, con el objetivo de crear expectativas de realización.

A partir del momento de tener claras las normas y límites los hijos/as deben aprender que sus comportamiento tienen unas consecuencias (positivas o negativas), dependiendo del cumplimiento de las mismas.

Por tanto:

  • Si al explicar a los hijos la forma de comportarse (con las normas y los límites) estos lo hacen correctamente, es necesario reforzarle dicha conducta. Es imprescindible para que se vuelva a repetir. Este refuerzo puede ser verbal o material (no hay que tener miedo a aplicar refuerzos materiales para iniciar comportamientos, a veces más complejos, si en ese proceso además de lo material va recibiendo refuerzos verbales, con la idea de una vez instaurada la conducta ir reduciendo los materiales y aumentando los verbales). Para que el refuerzo sea eficaz es necesario que este sea proporcionado, lo más inmediato a la conducta reforzada, ajustado a la edad del hijo/a y relacionado con la conducta que se ha reforzado)


  • Por el contrario, si al explicar forma de comportarse (con las normas y los límites) estos lo hacen de forma incorrecta total o parcialmente, lo primero que tenemos que evitar es dirigirnos a ellos con frases negativas del estilo…” siempre estás fastidiando”, “así no llegarás a nada”, “estoy cansado/a de ti”, “ya no te aguanto más…”. Controlar estos comentarios, nos ayudará a crear una oportunidad de las situaciones problemáticas.

Ante esta situación de comportamiento incorrecto, no debemos perder nuestro estilo asertivo y realizar una corrección con los siguientes pasos:
1- Hacer ver la situación y el comportamiento negativo ante dicha situación
2- No anticiparte a las explicaciones del hijo/a y escuchar las razones que le llevaron a actuar así
3-Volver a recordar la norma/límite y las razones por las cuales hay que hacerlo asegurándose de haberlo comprendido
4- Pedirle al hijo/ que explique como debería haber sido su comportamiento en la situación analizada y seguir manifestando confianza en que la próxima vez realizará correctamente su comportamiento.

Esta corrección debe hacerse, como decíamos anteriormente, con el control emocional de los padres, en un ambiente y momento de tranquilidad y serenidad, en el lugar adecuado. Ello le servirá de modelo en la resolución de situaciones.

A partir de este momento correctivo, si el hijo/a actúa adecuadamente ante las situaciones debe ser reforzado como habíamos dicho anteriormente. Si por el contrario, lo vuelve a realizar mal su comportamiento, caben dos posibilidades:
1- Si ese incumplimiento es parcial y tolerable es conveniente no hacer caso a esa conducta, para no reforzar dicha conducta con la atención de los padres.
2- Si ese incumplimiento es total e intolerable es necesario aplicar un castigo/sanción (entendiéndose como tal, la privación de algo que al niño/a le guste).

Esta sanción debe tener las mismas características que el refuerzo; es decir: proporcionado, inmediato, ajustado al hijo/a y lo más relacionado posible con la acción que realizó incorrectamente. En esta situación se debe actuar con autoridad (que no autoritarismo), es decir: sin ceder, cumpliendo siempre y sin gritar ni perder el control emocional.

En definitiva, la base del anterior planteamiento es que nuestro hijo aprenda que por actuar incorrectamente no recibe atención ó recibe sanciones y que por actuar correctamente lo que recibe son refuerzos.
Lograr lo anteriormente expuesto lleva tiempo y dedicación, por lo que son necesarios fundamentalmente tres aspectos:



  • Unificar criterios entre los padres. Para ello es importante buscar momentos para hablar de los hijos y establecer unos acuerdos de funcionamiento y la forma de realizarlos, evitando así la contradicción.


  • Actuar solo cuando tengamos un estado de ánimo adecuado, ya que hacerlo mermado física y/o psicológicamente impide llevar el proceso con el estilo asertivo oportuno que facilite el aprendizaje efectivo. En este sentido es importante que, antes de actuar, sepamos reconocer nuestro propio estado de ánimo y en el caso de no ser adecuado retirarnos de las situaciones educativas dando paso a nuestra pareja para realizar la intervención (lo que implica tener claro el punto anterior)


  • Ser constantes en la aplicación de normas y límites aunque veáis que otros padres no lo hacen. Si el hijo/a se queja de esta circunstancia, hay que decirle que él/ella debe hacer las cosas de una determinada manera independientemente de lo que hagan otros. La gestión de este mensaje no es fácil en la práctica, pero cuando va acompañado de seguridad en su transmisión y hay un conocimiento adecuado en el hijo/a del porqué de la misma, los chicos/as suelen gestionar bien las situaciones de presión del grupo y dicha presión acaba por convertirse en respeto.


Por concluir, podríamos decir que la educación requiere conocimiento del terreno, saber lo que hay que hacer y mucho trabajo. Por desgracia, a pesar del trabajo en la tarea educativa, no tenemos todos los factores controlados por lo que se hace más difícil. Sin embargo nuestra responsabilidad como padres no merece menos.